El flamenco en la pintura: más allá del cante y baile

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El flamenco no es solo un arte que se canta y baila, sino que se encuentra presente en muchas otras facetas culturales, de ahí que podamos encontrar el flamenco en la pintura. Con apenas dos siglos de vida, es relativamente sencillo poder seguir el camino y evolución que ha tenido como expresión artística, tanto en el cante, baile, toque y, otras expresiones artísticas.

Desde sus inicios en el conocido como “eje flamenco” (que une los Puertos, Cádiz, Lebrija, Utrera y el barrio sevillano de Triana), pasando por los cafés cantantes del siglo XIX y hasta llegar a los tablaos flamencos actuales, el flamenco ha ido evolucionando con la sociedad, incluso sus letras se han ido adaptando a cada momento de la historia.

El flamenco en la pintura: del costumbrismo al impresionismo

«Baile en el café Novedades de Sevilla» de Joaquín Sorolla.

La presencia del flamenco en la pintura empezó a ser reconocida en las obras pertenecientes al conocido como “costumbrismo”, un movimiento artístico que tuvo auge en España en el siglo XIX y cuya finalidad es expresar los usos y costumbres de una sociedad.

Es en este «costumbrismo» cuando empezamos a ver reflejados los primeros cantes que se improvisaban en cortijos o casas particulares y en el que después aparecieron los cafés cantantes. Esta tendencia sigue vigente en el siglo XX, tal y como puede verse en pinturas impresionistas de Sorolla y Zuloaga.

Sin embargo, no solo los pintores españoles se fijaron en el flamenco como punto de inspiración. Gustave Doré, ilustrador y pintor reconocido fue elegido para poner color al libro de viajes del barón Charles Davillier titulado “Viaje por España”.

En estos dibujos podemos ver escenas populares de cante y baile cercanas al costumbrismo.

Además de ilustrar este conocido relato, ambos recorrieron el país realizando reportajes para la revista de viajes “Le tour du Monde”, captando escenas cotidianas españolas en las que incluso quedó reflejado el nacimiento de algunos estilos, como las “Malagueñas”.

Grabado de Gustave Doré.

Otro pintor impresionista que quedó fascinado con el flamenco como expresión artística fue Edouard Manet, hecho que dejó plasmado en obras como “El cantante español”.

Sin embargo, hablar del flamenco en la pintura es hablar de Julio Romero de Torres. Este pintor oriundo de Córdoba incluyó en sus pinturas algunos elementos característicos de este genuino arte, como la guitarra, el sombrero cordobés o la capa. Su simbolismo se ve reflejado en los lienzos, captando a la mujer con una mirada fija y poses típicamente flamencas.

Retrato de una mujer con todos los elementos: guitarra, capa y sombrero cordobés, de Julio Romero de Torres.
Retrato de Pastora Imperio, de Julio Romero de Torres.

En esta época, el siglo XIX y principios del XX, el flamenco en la pintura se empieza a asentar como género artístico con autoridad propia, aunque el folklore, movimiento y alegría que se reflejan en las pinturas, dan paso a una tendencia más sobria y austera que busca expresar el verdadero sentío del flamenco.

Entramos en el periodo de posguerra que se ha calificado como el de “pintores aficionados”. Se busca representar el dolor en los gestos, el quejío del cante más puro, el cante jondo. Destacan Fausto Oliveras, Moreno Galván y Antonio Povedano cuya estética en la búsqueda de ese sentimiento tan puro hace que muchos califiquen estas obras como “feas”.

Póster de Salvador Dalí en el que se puede ver la figura de una mujer vestida de flamenca.

Este movimiento dio paso a artistas más vanguardistas durante el siglo XX, como Picasso y Dalí, que no solo reflejaron el flamenco en la pintura de su obra, sino que lo incorporaron a su círculo de amistades. Picasso, gran apasionado de los toros, frecuentaba normalmente reuniones entre las que se encontraban toreros, cantaores y bailaores de flamenco.

El flamenco queda retratado de muchas formas, superando el cante, baile y toque, dando paso a un género artístico con identidad propia que va evolucionando conforme lo hace la sociedad pero sin perder la identidad propia que lo hace único.

En el Tablao Cuna del Flamenco recuperamos esa esencia primitiva, cuando el flamenco empezó a abrirse al público en los cafés cantantes, durante el siglo XIX. Durante una hora, nuestros artistas dejan en el escenario todos sus sentimientos, haciendo un recorrido por los palos flamencos más tradicionales.

Aunque seguro que nos hemos dejado a muchos pintores detrás, lo cierto es que la mejor manera de sentir el flamenco, el quejío más puro, es ver un espectáculo flamenco en directo. Reserva tu entrada online. ¡Te esperamos!

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