Historia del baile flamenco

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El baile es una de las partes más importantes de un show flamenco. Pero ¿sabías que no fue hasta el siglo XVIII cuando empezó a acompañar al cante flamenco? De hecho, en su origen, el cante flamenco era interpretado “a palo seco”, es decir, que se cantaba sin ningún tipo de acompañamiento, más que la voz y alguna forma de percusión con las palmas o bien con los nudillos sobre alguna superficie.

Así, el baile flamenco es una incorporación posterior a la aparición del flamenco, a pesar de ser uno de los principales reclamos para los tablaos que albergan en su interior diferentes espectáculos flamencos.

Show flamenco: origen del baile

Como ya te hemos adelantado, el baile flamenco tiene un recorrido de dos siglos y en su evolución, Andalucía cuenta con un papel primordial.

Las primeras manifestaciones que existen de él se remontan a las descripciones que hacían los viajeros extranjeros en sus libros, durante el siglo XVIII y XIX.

Por esta razón, se considera que la aparición del baile flamenco pudo darse en esta época, aunque no hay datos exactos sobre este origen. Esto también ocurre con el flamenco en sí, cuyo origen sigue siendo un misterio para los estudiosos de este arte.

La explicación al desconocimiento sobre las primeras apariciones del flamenco, se deben al propio origen del cante: el flamenco empezó con el cante y era usado para expresar sentimientos en ambientes íntimos, como el trabajo y la propia rutina familiar.

No fue hasta la aparición de los cafés cantantes, en el siglo XIX, cuando el flamenco dio ese salto y pasó de ser un bien apreciado en reuniones familiares y de amigos a convertirse en una parte cultural, sobre todo de los andaluces, que asistían a ver un show flamenco en su tiempo de ocio.

Volviendo a la evolución del baile flamenco, nos encontramos con el texto de Jean–Charles Davillier, en 1862, titulado “Viaje por España” e ilustrado por Gustavo Doré. Este ejemplar, numerosas reproducido, habla de una España diferente, con relatos vistos desde el folklore y sus gentes, entre los que se describe el baile como parte de este arte tan puro y andaluz como es el flamenco.

Otro destacado texto que hace alusión al baile flamenco fue el descrito por parte de Serafín Estébanez Calderón, en su libro “Escenas Andaluzas”. En el capítulo “Un baile en Triana”, el autor intenta transmitir, a través de numerosos adjetivos, como es una juerga flamenca con bailaores y cantaores flamencos.

En Andalucía no hay baile sin el movimiento de los brazos, sin el donaire y provocaciones picantes de todo el cuerpo, sin la ágil soltura del talle, sin los quiebros de cintura y sin lo vivo y ardiente del compás, haciendo contraste con los dormidos y remansos de los cernidos, desmayos y suspensiones.

Extracto del libro “Escenas Andaluzas”, de S. Estébanez Calderón.

En esta primera etapa, los bailaores no eran profesionales, sino que actuaban en reuniones y fiestas privadas a las que se solían invitar a intelectuales y visitantes extranjeros. Los bailaores interpretaban su arte al compás de guitarristas en los patios de tabernas, normalmente en fiestas nocturnas que se alargaban hasta el amanecer, de ahí que se llamaran “bailes de candil”.

Cádiz, Granada y el barrio de Triana, en Sevilla, eran tres de los sitios en los que más se daban estas fiestas flamencas.

bailaores flamencos

Más adelante, aparecieron los cafés cantantes y, con ellos, la profesionalización del baile flamenco. Los artistas se subían a una tarima de madera (denominadas tablaos) en los que interpretaban su arte, normalmente tangos, garrotín, alegrías y soleás.

La Macarrona fue una de las grandes figuras de esta época, considerada la Etapa de Oro del Flamenco.

Esta etapa dio paso a otro tipo de espectáculos, y el show flamenco empezó a llevarse a cabo en lugares con más afluencia de gente, pasando a denominarse “Ópera flamenca”. El baile pasó a un segundo plano, aunque fue tuvo figuras destacadas, como Pastora Imperio.

Hoy en día, los bailaores gozan de un alto prestigio artístico y son considerados artistas. Sin duda, la pasión, la fuerza y el duende, son tres características inherentes al baile flamenco.

Características del baile flamenco

Si has asistido a un show flamenco en directo, habrás podido ver que el baile flamenco se compone de movimiento de pies, manos, brazos y cuerpo, es decir, que el artista se expone por completo durante su interpretación.

En cuanto a los pies, destacamos el zapateado (con un sonido percutivo muy característico), el punteado y el pateo.

Por su parte, el movimiento de brazos se denomina braceo (de abajo hacia arriba y diferente según el palo flamenco). Como curiosidad, el movimiento de manos y dedos se atribuye a la mujer.

Por último, el cuerpo, en el que encontramos la torsión, el vaivén y la convulsión, atribuidos al momento del show flamenco de máximo frenesí. Normalmente, el bailaor o bailaora empieza inmóvil, arrancándose en el momento que considere más oportuno.

Las expresiones de sus rostros son también parte del flamenco, reflejando dolor, garra y éxtasis.

Todos estos movimientos se llevan a cabo bajo la improvisación de los bailaores sobre las tablas, dejándose llevar por el toque de la guitarra y por el compás del cantaor.

Te dejamos un trocito de nuestro arte. Olé!

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