Soleá, la madre del flamenco

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La soleá, es considerada la madre del flamenco, uno de los palos flamencos más arraigados al cante más tradicional, el cante jondo. En el flamenco, a cada estilo diferente se le denomina “palo”. Se dice que existen más de 50 palos flamencos diferentes, aunque hay algunos que comparten el mismo origen.

La soleá se cree que nace del conocido como “jaleo”, una conjugación de tres cantes: la jota, el fandango y la seguidilla o seguiriya, que se dio en el sur de Andalucía durante el siglo XIX.

El “jaleo” era conocido con el nombre de Boleras del Jaleo, cuyo cante y baile se extendió por teatros de todo el mundo, incluyendo Andalucía. Los flamencólogos coinciden que, de todos los jaleos de los que se tiene constancia, el de la Gariana podría tratarse del más antiguo, cantado en Cádiz en 1847 por Paquirri el Guanté, acompañado de su guitarra.

Sin embargo, la reina de las soleares, es La Andonda, que nos ha dejado tres cantes por soleá para deleite de los más flamencos.

Mientras que en el cante por soleá han destacado grandes cantaores, como Antonio Chacón y Rafael Romero; en el baile han sido las mujeres la que mayor protagonismo han tenido en la soleá, como Rosario Monje, La Mejorana y Juana La Macarrona.

María La Perrata canta por soleá acompañada con la guitarra de su hijo Pedro Peña.

Seguir la línea geográfica de la soleá no es fácil, al igual que pasa con otros palos flamencos, debido a la fusión y mezcla con otros. Los estudios apuntan a que hay un eje flamenco que une Cádiz, Jerez y Sevilla, habiendo diferentes cantes por soleá:

  • Cádiz: más cortos y salerosos.
  • Jerez: con más aporte melódico.
  • Sevilla: más elaborados que los dos anteriores. Destaca la soleá de Triana, atribuida a El Fillo.

En cuanto a su estructura musical, la soleá tiene el denominado estilo flamenco modélico: un compás amalgama de 6/8 y ¾, tonalidad modal y melismas de su melodía. Sus letras tienen un alto valor literario, con referencia a obras clásicas y conocidas de la época. Las estrofas de la soleá son coplas de cuatro versos octosílabos.

La soleá consta, como muchos otros palos flamencos, de una introducción de guitarra, un ayeo de salida (ay, ay, ay), el cante de preparación (que corresponde a la primera letra que se va a cantar), cante valiente (con una dificultad mayor que el anterior) y remate.

Sin embargo, tal y como acabamos de explicar, esta forma es común a otros estilos del flamenco, por lo que si vas a un tablao flamenco, la mejor manera de distinguir una soleá es el cante. El cante flamenco de las soleares es profundo, cargado de sentimiento, jondo.

Lucas Ortega, uno de los cantaores del Tablao Cuna del Flamenco, es un apasionado del cante por soleá. “Una soleá es un momento íntimo en el que me siento libre y canto lo que siento en ese momento. Es uno de los palos flamencos que más hondo me llegan”.

La soleá, es un palo flamenco complejo, cargado de sentimiento y considerado uno de lo más tradicionales. De ella vienen las bulerías y las cantiñas y ella viene de los jaleos y el fandango. Como puedes comprobar, aunque se hable de flamenco “puro”, cada estilo ha tenido su propio recorrido, con influencias históricas y populares.

El flamenco es parte de la idiosincracia andaluza, reflejo de la sociedad. Esta es la base de nuestro show flamenco, “Seducción Flamenca”, un recorrido por los orígenes de este arte.

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